Relatos Eroticos Gay
Se Equivocó de Bar.
Historia de sexo en un bar de ambiente. Hombre fuerte y corpulento
sacia sus ansias de sexo con un joven que llega por equívoco al bar...
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Julio no sabía que entrar en aquel local a
tomar una copa iba a reportarle unas experiencias tan sorprendentes, pero
así fue.
Aquella tarde mientras en la barra se
entretenía con la música y con su combinado de alcohol, se le acercó un
señor maduro, diez años más que él, canoso, aunque de aspecto fortachón,
labios gruesos, alto, voluminoso, con cierta barriga y buen plante. Se le quedó mirando y eso le puso nervioso.
Más cuando le dirigió la palabra.
- Tómate otra copa, veo que se te está
acabando.- le dijo aproximándose a Julio.
Intimidado, le contestó con un “no gracias,
ya me iba”
- Espera .-le colocó su mano sobre su brazo
reteniéndolo.
Eso le puso más nervioso aún, pero no se
atrevió a contradecirle. Aunque no podía imaginar qué interés tenía aquel
hombre en él.Sus siguientes palabras le sacaron rápidamente de dudas.
- Me llamo Juan. ¿Sabes?, eres un tío con
algo especial.- le aseguró mientras le miraba de arriba abajo.- me gustas.
¿Cómo te llamas?
Julio comprendió que había entrado en un
local de “hombres”.
Se rió por dentro, pero ahora estaba en un
compromiso, ¿qué podía hacer? Comenzó a imaginar cosas mientras su
aparecido le hablaba. Tantas cosas que le aturdieron y no se enteró de
nada de lo que le dijo.
- ...¿no te parece?.- le preguntó
- ehh, bueno...sí, pero depende. ¿Tú no
tomas nada?.- Julio tuvo que romper la conversación preguntando.
Pero aquella pregunta le sentenció, porque a
continuación el hombre ligón le invitó a sentarse con él a una mesa al
fondo del local, un rincón con escasa iluminación , menos aún que en el
resto del local, muy íntimo y apartado, bastante cómodo, con unas butacas
negras amplias.
Aquel hombre, Juan se llamaba, se sentó al
lado habiendo pedido previamente en la barra un whisky con hielo que se
trajo consigo.
Julio ya se había entregado a la situación,
sabía lo que le esperaba y eso le ponía muy nervioso pero a la vez le daba
una extraña sensación morbosa que nunca había sentido con una mujer. Juan le puso la mano sobre su pierna derecha
mientras le hablaba.
- Conozco los tíos como tú, sois buenos
chicos pero necesitáis un poco de adiestramiento.
“¿Adiestramiento?, pensó Julio, qué quería
decir con eso”. Pensó rápidamente y entendió que aquel hombre buscaba una
relación especial. Un pensamiento fugaz le empujaba a salir de allí sin
dar más explicaciones. Sin embargo aquello le llevó a un nivel mayor de
excitación. Además aquel hombre tan rudo le tenía tan cerca, casi
apretándole a su lado, que no se atrevía a levantarse.
- No te pongas nervioso, sé que te va a
gustar, quiero que me sirvas, sin malos rollos, por supuesto. Soy un tío
legal y trato muy bien a mis siervos.
Julio pareció tranquilizarse con esas
palabras, sonaban bien y todo. Una vez más le vino a la mente un torrente
de sensaciones morbosas que le turbaron y le inmovilizaron. En cuanto se
quiso dar cuenta su acompañante le estaba agarrando sus partes y
estrujandoselas con su gruesa mano.
- Ummm, sí, seré tu siervo...si eso es lo
que quieres...
Julio se rindió a aquella situación, no
quiso pensar más y se puso en manos de aquel hombre tan interesado en sus
servicios.
Juan, le maltrató los genitales
estrujándoselos por encima del pantalón mientras miraba fijamente a su
siervo analizando cualquier cambio en su expresión de dolor.
- Eres una perra linda. Pero tu polla es
para mí, ¿de acuerdo, puta?
- Ahh...- Julio no pudo contestar con la
boca, sólo pudo afirmar con la cabeza, no le salían las palabras.
El amo le dio un pescozón en la cabeza.
- Tómate ese líquido, ya.
Julio se bebió lo que le quedaba del vaso,
donde ya el hielo hacía rato que se había fundido, como fruto de la
situación pasional.
- A ver si es verdad que estás dispuesto a
obedecerme, cerda. He visto muchos tío como tú, que luego se echan atrás
como mariconas y no cumplen lo que dicen. Tú no serás así, ¿verdad?
Julio negó con la cabeza viendo asustado
como se bajaba la cremallera del pantalon y se sacaba el cipote, muy largo
y grueso, aunque algo flácido, y sus huevos peludos.
- Chúpame los huevos mamona.- ordenó
empujando su cabeza a sus partes.
Julio deslizó la lengua por aquellos huevos
con pelos.
- Mójalos bien, puta, y trágate los pelos,
no me importa. Mójame bien con tu saliva calentita, así de paso los
lavas...ja ja...
Julio humillado se preguntaba hasta dónde
llegaria su reciente amo o, mejor dicho, él mismo.
- Ahora abre tu boca que te voy a meter lo
que te mereces.
Julio la abrió obediente y Juan se la
introdujo de golpe empujándole. Le bombeó la cabeza con energía mientras
le indicaba cómo debía usar la boca y la lengua y le insultaba.
Juan se percató de repente que, muy cerca de
allí, había un tío mayor que les estaba observando con la mano puesta
sobre sus partes; era evidente que les estuvo espiando y se había
calentado viendo aquello.
Juan le llamó con su mano para que viniese.
- Hola, ¿qué, te gusta ver cómo me la está
mamando?
- Ehh, sí...-contesto el hombre tímidamente
y temeroso.
- Pues ponte aquí de pie, y hazte una paja
que yo te vea mientras esta puta criada me la mama bien. Vamos.
Aquel hombre se sujetó bien las gafas, que
se le habían descolocado, para no perder detalle y se sacó la polla del
pantalón, preguntándole si podía correrse.
- Claro, pero apunta a este cerdo, a mí no
me manches con tu leche. Tírasela a la cara o donde quieras. Lo mejor es
que avises antes de correrte.
Julio siguió mamando y el voyeur
cascándosela cerca de la cara de aquel.
- Ya...me voy a correr...ohh
Juan se apartó su polla y colocó al intruso
para que disparara encima de Julio. “Echale la leche encima a este, que es
un cerdo de mucho cuidado, le va a encantar...”
Y se corrió con tanta fuerza que el líquido
se estrelló en la cara de Julio alcanzando su camisa y salpicando la mesa
y alrededores.
- Joder, que ganas tenías, capullo. Anda,
déjanos, vete ya.
El hombre se fue guardándose discretamente
su pene y desapareció.
- No, no te limpies.- le dijo al ver que
julio buscaba una servilleta de papel de las que había en la mesa.- Nos
vamos, quiero que salgas así. Que te vayas acostumbrando al olor de la
leche, porque cuando lleguemos a mi casa te daré leche de cena. Aunque, no
te preocupes, la mía huele mejor...je...je.- se echó una carcajada que le
duró bastante.
Juan se guardó su tremenda polla , pagó la
cuenta y se llevó a Julio, a quien iba a enseñarle nuevas experiencias y
hacerle sentir lo que nunca antes había sentido.
Pero eso es otra historia...
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