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31 DÍAS DE COMPLETA SUMISIÓN A MI ESPOSA . Dominación femenina, hetero, fetichismo. Hicieron una apuesta y el perdedor sería su esclavo durante un mes. Parece algo típico, pero todo comenzó con una apuesta. Ambos queríamos adelgazar, sobre todo por que se acercaba el verano; pero no tenemos fuerza de voluntad en ese aspecto. Así que decidimos apostar. |
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Nos pesaríamos y, el primero que consiguiese el peso ideal que marcaba
la máquina, ganaría. ¿El premio?
A los dos nos gusta experimentar cosas nuevas, sobre todo a nivel de sexo. Desde
hacía tiempo nos rondaban en la cabeza los juegos de dominación-sumisión.
Así que decidimos que el premio sería que el ganador tendría
a su servicio al perdedor durante un tiempo. Al principio pensamos en un fin
de semana, pero tras hablarlo quedamos en que sería durante todo el mes
de vacaciones. Así la experiencia sería completa; porque desde
luego que, el que perdiese, debería someterse por completo a los deseos
del ganador. Absolutamente a todo. Todo valía.
Tras pesarnos sabíamos qué nos
esperaba: mi mujer tenía que perder 14 kilos y yo 18. Y nos pusimos manos
a la obra.
Las primeras semanas ganaba yo claramente. En dos semanas perdí 12, mientras
ella solo 7. Pero luego comenzó a costarme perder, por mucho que hacía
ejercicio; ella sin embargo seguía a su ritmo. El resultado: ella perdió
sus 14 kilos mientras yo perdí 16. La apuesta estaba resuelta a tan solo
10 días de comenzar las vacaciones.
Comencé a dar vueltas a la cabeza sobre lo que me esperaría. Intentaba hablar con ella, pero no me decía nada. "Sorpresa", es lo único que salía de su boca. Por fin, cuando llegó el 31 de Julio, a las 10 de la noche, me dijo:
"Te quedan dos horitas de libertad. En este tiempo te convendría leerte esto (me dio un folio) y aprendértelo. Puedes no hacerlo, por que eres libre. No así dentro de dos horas. Cuando suene la alarma de este despertador serás mi esclavo por todo un mes."
En esos folios me indicaba la forma en que tenía que actuar durante ese mes. Lo más importante, sin detallar demasiado:
La tenía que llamar siempre Ama.
Obedecería todas sus órdenes sin ponerlas en entredicho.
No podía hablar sin permiso.
Ante ella debería estar arrodillado.
Mi indumentaria sería: desnudo y con muñequeras, tobilleras y
collar de perro.
Jamás la miraría a la cara.
Me encargaría de las tareas del hogar.
Su ropa interior la lavaría a mano.
Me estaba prohibido masturbarme sin su permiso.
Debería tener siempre listos todos sus zapatos.
Cualquier amiga que la visitara debía tratarla como a un ama.
Sería castigado siempre que no hiciese algo bien.
Sería castigado siempre que quisiera mi Ama.
No se me estaba permitido quejarme nunca.
...
Y así unas cuantas cosas más. La única ocasión en que no me debería comportar de esta forma era con la presencia de nuestras familias.
La verdad es que me encontraba excitadísimo. Deseaba que llegase ya el momento, y quedaba poco. A falta de diez minutos. Me desnudé para esperar. Mi poya estaba para reventar.
Entré al salón, donde ella leía. Bajó el libro y se sonrió. Quedaban cinco minutos y tan solo me atrevía a mirarla a sus pies, vestidos con unas sandalias negras de alto tacón de aguja que dejaban al descubierto sus uñas pintadas de rojo intenso, una pulsera adornando el tobillo derecho y un anillo en el dedo índice del mismo pie. Dentro de un par de minutos iba a estar arrodillado ante esos pies, besándolos probablemente.
El tiempo seguía pasando. Por fin sonó el despertador. Ella dejó de leer y se levantó; yo me arrodillé delante suya, con la mirada fija en sus pies.
"Muy bien esclavo. Veo que tienes claras
las cosas. Veo que ya sabes quien manda, ¿verdad?"
"Sí, mi Ama"
"No te escucho, gusano asqueroso" dijo mientras me daba una patada
en los testículos.
"Sí, mi Ama" repetí más fuerte y conteniendo
un grito de dolor.
"Así me gusta, esclavo. Y ahora, te quiero ver postrado y besándome
los pies como señal de sometimiento".
Se volvió a sentar y yo comencé con mi labor. Ella reía mientras mis labios se paseaba por sus pies. Me ordenó luego que se los lamiera; así lo hice.
Al cabo de unos minutos me ordenó parar, y que continuase en esa posición mientras ella regresaba. Mientras se fue me indicó:
"Espero que reflexiones mientras vengo sobre tu nueva condición".
Así lo hice. Pensé en lo que me esperaría aquel mes: todo tipo de humillaciones y castigos. No sabía si me iba a mostrar a alguien o solamente sería en privado. Lo único que tenía claro desde hacía tiempo es que debía servirla lo mejor que pudiese. Y todo eso me excitaba mucho.
Tardó algo de tiempo, una media hora.
Por fin llegó. Escuché el resonar de los tacones de aguja de sus
zapatos acercarse y pararse delante mía. Yo seguía, obediente,
postrado en el suelo.
Se agachó y me colocó un collar de perro, con una argolla de la
que colgaba una cadena. Luego me colocó grilletes en las muñecas
y tobillos, ambos también con argollas. Mientras me colocaba mi indumentaria
me decía:
"Habrás reflexionado bien. Al menos
has tenido tiempo suficiente. Por que a partir de ahora tu situación
ha cambiado ligeramente, y tendrás que acostumbrarte a ella. Por las
buenas o por las malas. Estás para obedecerme; esa es tu única
misión durante este mes. Obedecerme en todo lo que yo te ordene. Y te
aseguro que serán muchas cosas; y algunas no serán nada fácil
de cumplir. ¿Te queda claro?"
"Sí, mi Ama" le respondí dócilmente.
"Así me gusta, esclavo, que lo tengas claro. Así que vamos
a comenzar tu adiestramiento." Hizo una pausa para continuar luego con
más ímpetu. "¡A cuatro patas, perro!" me ordenó
mientras tiraba de la cadena de mi cuello. "¡Y sígueme!"
Obedecí. Me encontraba siguiéndola
por la casa, como un perro, de paseo detrás de su Ama.
Mientras caminábamos por una planta no tenía problemas. Lo malo
era al subir y bajar las escaleras. Esto lo repetimos bastante. Al principio
tenía dificultades, lo que me originó más de un fustazo
en mi cada vez más irritado culo. Pero poco a poco, y gracias al miedo
que pronto le tomé a este instrumento de castigo, conseguí una
destreza inesperada.
"Has progresado mucho, esclavo. ¿Ves
como cuando un perro pone interés aprende rápido? Siempre me han
gustado los perros por eso, por que aprenden rápido; y además
son muy fieles a sus dueños, ¿verdad que sí?"
"Sí, mi Ama", contesté.
"Debes estar sediento, esclavo", me dijo mientras me dirigía
a la cocina. "Te permito beber agua, por lo bien que has aprendido esta
primera lección". "Toma. Aquí beberá de maravilla".
Me puso un bebedero de perro, azul oscuro, que tenía el nombre de esclavo escrito en uno de sus partes. Eso era humillante, pero allí estaba yo, a cuatro patas y bebiendo con la lengua, como un perro. Era lo más humillante que me había ocurrido nunca. Pero también una de las cosas más excitantes.
Cuando ella creyó que era suficiente, me pegó un tirón de la correa y me separó del bebedero. Cogió el bebedero y lo colocó en el otro extremo de la cocina, junto con un comedero, rojo, en el que también tenía escrito la palabra esclavo. Se dirigió de nuevo al salón.
"Ahora me toca a mi reponerme. Por que el trabajo de adiestradora es muy pesado, ¿sabes esclavo?" me preguntó mientras se sentaba en su sillón y se descalzaba. "Tengo los pies muy cansados. Necesito algo especial, muy especial... ¡Adóralos, esclavo!"
Me puse a besarlos con devoción. Mientras tanto ella me iba diciendo.
"Por cierto, esclavo. Me he dado cuenta
de que has pasado todo este tiempo empalmado. Y sin mi permiso. Eso lo vamos
a ir dejando poco a poco, ¿verdad?"
"Sí, mi Ama" respondí dejando de lamer por un momento
uno de los dedos de su pie derecho.
"Te voy a dejar todo el día de hoy para que te acostumbres antes
de comenzar con los castigos. ¿A que soy generosa, esclavo?"
"Muy generosa, mi Ama" le dije mientras pensaba en la dificultad de
contener mi erección debido a la enorme excitación que estaba
sintiendo.
"Si no lo consigues en ese tiempo, tendré que castigarte y colocarte
un cinturón de castidad. Y eso, te aseguro, no te gustará nada".
Durante cerca de una hora seguí adorando sus pies. Luego decidió irse a dormir, no sin antes indicarme mi nuevo sitio para este menester. En el suelo, encima de una manta de lana vieja, en el lateral de su cama. También me dio la lista de tareas que tendría que tener hechas antes de que ella se levantase al día siguiente.
Continuará...
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