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Su vaca y él. Benancio era un tipo buena gente, algo inocente de unos 40 y tantos años que se dedicaba a la cría de ganado para leche en su finca, casado con Matilde una hermosa y seductora hembra con la cual tenía barios críos. |
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Ricardo era uno de sus vecinos al igual que Benancio también era dueño de una finca en la que también se dedicaba a la cría de ganado para leche, ocasionalmente Benancio, Ricardo y otros criadores se reunían en un bar del pueblo a tomar cerveza o bajar un poco de vino mientras hablaban de cosas relacionadas con la cría del ganado. En cierta oportunidad Ricardo se retiró temprano diciendo que se marchaba ya que tenía un compromiso con la negra, al grupo le pareció extraño ya que a Ricardo no se le conocía mujer y por esos lares no había ninguna negra que conocieran.
Dicha situación se repitió por varias semanas, pero al parecer al único que le picó la curiosidad fue a Benanacio, ya que cada vez que se encontraba a Ricardo le preguntaba por la negra, y este de forma muy parca le respondía que se encontraba bien, pero la curiosidad de Benancio fue mayor que su sentido común y cierto día decidió visitar a Ricardo a su finca, al llegar Benancio Ricardo lo atendió a cuerpo de Rey, pero sin presentarle o hablar de la negra para nada, hasta que ya Benancio no pudo más aguantar la curiosidad y luego de un largo rodeo le preguntó por la negra.
Ricardo trató de hacerse el desentendido, pero la insistencia de Benancio fue tal que al fin Ricardo luego de un largo y profundo suspiro lo tomó por uno de los brazos de Benancio y mientras lo conducía al pesebre le fue diciendo lo siguiente.
Benancio quiero que me prometas ante todo que lo que te voy a decir no se lo repitas a nadie.
A lo que el bueno de Benancio se comprometió a no repetir a persona alguna.
Como tu sabes yo soy un hombre solo, y no se me ha conocido mujer alguna, verdad.
A lo que el bueno de Benancio afirmaba con la cabeza mientras Ricardo continuaba hablando y caminando hacía el pesebre.
Cierta noche que me encontraba en el pueblo, charlando con el viejo Manuel y el nuevo encargado de la lechería en casa de este, me quedé viendo la cosa esa de la televisión que como tu sabes a mi no me gusta, pero estaban dando una película muy caliente, tanto que comencé a sudar y por no pasar una vergüenza me despedí y me marché para casa, durante todo el camino no hice nada más que pensar en mujeres desnudas como las de la película, pero al llegar al portón de mi finca, la vi a ella a la negra, se encontraba sola sin nadie que la acompañase, sus grandes ojos negros me hablaban, era bien jovencita de buen porte toda su negra piel brillaba a la luz de luna, al principio traté de no darme por enterado de su presencia, pero me fue siguiendo a unos cuantos pasos tras de mi, hasta que llegué a la puerta de casa, ella no hacía otra cosa que verme y yo comencé a charlar con ella, en todo momento la negra no hiso ningún ruido, pero sus ojos me decían claramente que ella entendía mi soledad, yo lentamente me le fui acercando y como de lo más natural comencé a pasar mi mano por su espalda cosa que a ella desde luego no le molestó en lo más mínimo.
De ahí en adelante las palabras sobraban, me puse tras ella y sin decir nada la penetré en realidad somos el uno para el otro, al terminar la conduje hasta donde esta durmiendo ahora, y cada vez que yo tengo ganas habló un poco con ella zas que se lo meto, o si es ella la que quiere se pasea frente a mi y cuando menos acuerdo me levanta el rabo.
En eso Benancio le interrumpió para preguntarle de manera socarrona. Así que ella te levanta tu rabo y tu zas.
Ricardo le respondió, muy serio mi rabo no el rabo de ella.
Eso último dejó algo confundido a Benancio y se le notaba en el rostro, fue cuando Ricardo muy orgulloso le señaló hacía el pesebre mostrandole una vaquilla totalmente negra. Benancio todo asustado le dijo.
Pero joder Ricardo es una vaca.
Ricardo le respondió.
Si desde luego es la negra, ya se que dirás que estoy loco pero yo no soy racista, de no ser por ella realmente ya lo estaría estas últimas semanas ella me ha acompañado y es mucho mejor que una mujer, no pide dinero, no se queja, no le dan dolores de cabeza, en fin me escucha cuando yo quiero, y no me interrumpe para hablar de su madre, en pocas palabras es todo lo que yo necesito, eso sin contar lo bien que se siente el meterselo y seguro de que no la voy a dejar preñada.
Benancio se retiró luego de volverle a prometer a Ricardo que no hablaría con ninguna persona sobre lo dicho por él. Durante el camino a su casa Benancio se preguntaba como sería eso de meterselo a una vaca, cuando joven él y otros chicos del pueblo, usaban una burra que era del carnicero, hasta que este se dio cuenta y la sacrificó, pero con una vaca como sería, esa idea le dio vueltas en la cabeza de Benancio durante los siguientes tres días hasta que nuevamente armado de valor se presentó donde Ricardo para hacerle varias preguntas técnicas, las respuestas de Ricardo lo dejaron más cachondo que nunca, y esa noche se desquitó con la Matilde, pero aun y así no dejaba de preguntarse como sería el hacerlo con una vaca.
A la semana Benancio se armó de valor y se dirigió al pesebre donde se encontraban las novillas de su propiedad y luego de pensarlo mucho, se decidió por una que a su criterio era la mejor que estaba, le pegó la soga y la llevó tras el pesebre, por seguridad le amarró las patas traseras y la aseguró su cabeza a un poste no le diera por salir corriendo. Luego con una palangana llena de agua se dio a la tarea de limpiarla, una vez que terminó se bajó sus pantalones y con su erecta verga entre sus manos se la introdujo a la novilla, para Benancio fue la experiencia sexual más fuerte y gratificante que en su vida hubiera tenido, desde ese día para él era algo casi adictivo el penetrar la novilla, y en ocasiones lo hacía hasta dos y hasta tres veces al día.
A la semana lo visitó Ricardo y lo encontró en el pesebre dandole verga a la novilla, el visitante esperó a que Benancio terminase y una vez que lo vio con los pantalones en su lugar lo saludó, y le dejó saber que él lo había visto como se disfrutaba la novilla, fue cuando Benancio le confesó su amor por la vaquilla. Ricardo se enteró por boca de su vecino como cuando y donde se lo pasaba metiendoselo a la novilla, luego de lo cual Ricardo se despidió de su vecino.
A la semana siguiente Ricardo fue a visitar nuevamente a Benancio pero a su casa, pero a sabiendas de que no lo encontraría, Matilde la mujer de Benancio se encontraba imponente, blanca de cabellos negros de unos treinta y tantos años con unas buenas caderas y un par de tetas que ya quisiera él tener en su boca, vistiendo una bata casera de esas que usan alguna mujeres para realizar la limpieza de la casa pero que aduras penas lograba ocultar los atributos físicos de su dueña, haciendose el tonto Ricardo preguntó por Benancio a lo que Matilde le respondió que se encontraba en el pesebre alimentando las bestias, a solicitud de Ricardo Matilde lo acompaño con el supuesto fin de encontrar a Benancio con la idea de hablarle de unos supuestos prestamos que el gobierno otorgaría a los criadores de ganado lechero, Matilde de mala gana acompañó a su vecino ya que este le rogó prácticamente con la excusa de que no conocía la propiedad y temía perderse, al llegar al área del pesebre a Matilde le extrañó el no ver a su marido Benancio.
Fue cuando de manera muy discreta Ricardo llamó su atención sobre algo que ocurría tras el pesebre, al asomarse y observar lo que Ricardo le mostraba tan sigilosamente, Matilde quedo de una sola pieza al ver a su marido completamente desnudo penetrando a una vaquilla de color blanco la cual tenía amarrada a un poste, a Matilde le dieron ganas de saltar sobre su marido y caerle a golpes con un palo que tenía a su alcance, su cara se había puesto roja de la rabia, su vos apenas audible decía.
Pensar que ese desgraciado lleva más de un mes que no me toca por meterselo a la vaca.
Fue en ese preciso instante que aprovecho Ricardo y colocandose de tras de ella la tomó por la cintura al tiempo que le colocaba su erecta y caliente verga a la altura de las nalgas de la molesta mujer, la cual de primera intención no se dio cuenta ya que su dolor por ser echada a un lado por una vaca era algo que en su mente todavía no lograba comprender, a pesar del pantalón de Ricardo y de su bata en cierto momento Matilde comenzó a sentir como algo caliente y duro rozaba sus nalgas por encima de su bata, Matilde se encontraba enfurecida con su marido, pero esa agradable sensación de tener algo caliente sobre su culo la hiso prestar menos atención al pendejo de Benancio y más al caliente vecino que tenía a sus espaldas.
Lentamente Ricardo fue acariciando el hermoso cuerpo de Matilde mientras que esta no oponía resistencia alguna a los avances del vecino, sin muchas palabras y uno que otro beso en su nuca Matilde como diría un militar entregó la plaza, ella misma comenzó a subir su bata mientras que Ricardo aun la acariciaba y besaba con ardientes deseos de poseerla, una vez que sus bellas nalgas quedaron al a aire Ricardo no perdió tiempo en dejar en libertad su verga bajandose los pantalones, Matilde viendo a su marido atra vez de unos arbustos que la ocultaban a ella y a su fogoso amante se inclinó algo hacía adelante y abrió ligeramente sus piernas, dejando su hermoso coño visible, Ricardo no perdió tiempo y comenzó a penetrarla desde a tras, Matilde se encontraba tremendamente excitada y por ende su vulva se encontraba debidamente lubricada por lo que en cosa de segundos ya la verga de Ricardo había sido tragada por el caliente coño de ella, los dos comenzaron a moverse uno contra el otro y disfrutar como nunca lo habían hecho en años, las manos de Ricardo llegaron a los esponjados senos de la mujer la cual como una demente movía sus caderas de lado a lado mientras que él se lo metía y sacaba con gran precisión y gocé de los dos.
Mientras que Ricardo y Matilde se daban gusto el uno con el otro, el Benancio la pasaba de lo mejor con su vaca, hasta que algo le hiso mover su rostro para a tras y vio con terror en sus ojos que el padrote o sea el toro que usaba para la recría entraba al mismo corral en el que él se encontraba, por cosas de unas milesimas de segundo Benancio se salvó de ser por lo menos atravesado por el toro como si fuese un bacalao, sus reflejos y el pánico le salvaron la vida, en la primera envestida la bestia descuadriló a la vaquilla, y del salto que dio Benancio fue a dar al deposito de toda la bosta de las vacas. Matilde cuando volvió a ver hacia donde se encontraba su marido, vio al toro en su lugar y a Benancio todo lleno de mierda de vaca a unos pocos metros, pero eso a ella realmente no le importaba un bledo, Matilde se encontraba disfrutando al máximo, al igual que Ricardo que justo en ese momento eyaculó dentro del coño de ella al tiempo que la mujer alcanzaba un hermoso orgasmo, luego de lo cual los dos se separaron él se subió el pantalón y ella se arregló la bata y de inmediato se dirigieron hacía donde se encontraba Benancio desnudo y todo lleno de excreta de vaca.
Al llegar hicieron como que no lo vieron, y este al verlos se enterró más dentro de la montaña de mierda para no ser visto, por lo menos pasaron unos diez minutos supuestamente esperandolo mientras que ya el toro había terminado con la vaquilla y regresaba a su lugar preferido debajo de la sombra de un olmo, al pasar el toro frente a ellos, Matilde comento en voz alta que ella temía que su marido le fuera infiel con otra mujer que de seguro se encontraba en el pueblo en brazos de la otra, Ricardo le siguió la corriente y le indicó que estaba en un error y para probarselo la llevaría al pueblo para que buscase a su marido, ya cuando los dos se retiraba Matilde dijo en voz alta no regresaré a la casa hasta que no lo encuentre aunque eso me tomé el resto del día y parte de la noche.
Realmente Matilde y Ricardo se dirigieron directo a la casa de él y de ahí no salieron hasta bien entrada la noche pero de eso Benancio nunca se enteró.
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